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domingo, 5 de agosto de 2012

Llevando la familia en solitario





Hoy en día las familias mono parentales ya no son una excepción. Su número ha crecido en los últimos años, sobre todo debido a separaciones y divorcios.
En este contexto, cada vez son más las madres que optan por ejercer la paternidad a solas. Pero ¿Qué significa educar solo a un hijo?

Algunos progenitores se encuentran en la situación de educar a sus hijos solos sin haberlo querido de este modo. Son los divorciados/as o viudos/as. Todos tienen los mismos interrogantes… ¿Estoy a la altura? ¿Doy la talla? ¿Soy capaz de ser madre y padre a la vez? Como no hay otro progenitor con quien tomar decisiones, el que educa solo sopesa cada asunto, cada decisión, dos o más veces,  siente la responsabilidad con mayor peso y sufre más sentimientos de culpabilidad.

Culpabilidad por no poder ofrecer al hijo el modelo de una familia unida y por no poder ser padre y madre al mismo tiempo, algo imposible.

Y también preocupación por las consecuencias de la ausencia de un progenitor, acompañada de la tendencia a achacar los problemas del hijo a los efectos de tal situación. Si no rinde bien en el colegio o se enzarza en peleas con sus compañeros, fácilmente se piensa que es por culpa de educarle solo.

Educar solo a un hijo lo han hecho a lo largo de la historia muchas mujeres y no es necesariamente negativo, pero conlleva una serie de dificultades.

Las trampas de los padres que tienen que educar solos:

El estrés por no poder delegar en otras personas todo lo relativo a la educación de los hijos.

La soledad y el aislamiento por no comentar con nadie lo que sucede en el día a día. De ahí que sea básico buscar apoyo en personas cercanas.

El cansancio por tener que cumplir con los horarios correctos para sus hijos y con todas sus obligaciones.

La sensación de culpa y la disminución de autoconfianza por creer que no están educando bien a los hijos o que falta la figura del otro progenitor.

¿Y qué se puede hacer?

Crearse una red de apoyo (amigos, padres o madres separadas, familiares, etc)

Hablar con otros adultos sobre temas personales, educación, etc.

Formar nuevos hábitos y costumbres que llenen la vida de modo satisfactorio, como salidas y excursiones con otros padres, hacer cursillos…

Asimilar lo mejor posible lo ocurrido y buscar el entendimiento con la ex pareja.

No asumir el rol de victima de la situación. Esta actitud aniquila la propia energía para salir de la situación.


Debemos evitar hablar mal el uno del otro en presencia d elos hijos. Para ellos, los dos son las figuras de apego más importante de su vida. Estas críticas les crean conflictos de lealtad y aumentan su sensación de soledad y abandono.










1 comentario:

  1. Soy separada y mis hijos y yo formamos una FAMILIA.

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