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domingo, 8 de julio de 2012

Estar bien




Solemos iniciar un encuentro entre amigos o conocidos con una pregunta tópica: "¿cómo estás?" Solemos responder con un "bien" de compromiso, un bien que nos supone otra cosa que el acto cortés de atender el saludo recibida. Sin embargo, tanto la pregunta como la respuesta podrían efectuarse desde el interés de uno por saber cómo está el otro y de éste para informarle de su estado.

Entre personas que tienen una relación de estima no debería ser extraño que hubiera interés por el estado del otro. También sería normal que la respuesta se acercara a lo que se siente. Nos hemos acostumbrado a formular la pregunta sin darnos cuenta de lo que pedimos y a contestar sin entretenernos a preguntarnos a nosotros mismos sobre la verosimilitud de la respuesta. Suele haber un “bien” salido de la cortesía y otro del cual no nos atrevemos a adivinar el tono. Las respuestas tendrían una gran cantidad de matices: “mal”, “no tan bien como quisiera”, “hay cosas que van bien y otras que no”, y hasta sería posible un “no lo sé”.

El caso es que, dándonos cuenta o no, podemos sentirnos bien con nuestra realidad o sentirnos mal. Entre un extremo y el otro hay muchas tonalidades que cogen aspectos diversos de nuestros intereses, sentimientos, proyectos, anhelos, gratificaciones, maneras de contemplar el entorno y como estas nos afectan. Hay muchas cosas que nos ayudan a sentirnos bien y muchas otras que nos conducen al malestar.

En la experiencia del vivir: amamos, hacemos, pensamos, sufrimos, decidimos, esperamos, dependemos, consumimos, añoramos, deseamos, aprendemos, educamos, nos adaptamos, envejecemos, reímos, nos divertimos, nos comprometemos, nos decepcionamos, nos ilusionamos, comemos, dormimos y muchas cosas más. De cómo se desarrollan todas estas cosas depende de cómo nos sentimos, de cómo nos encontramos. Todos estos aspectos visten nuestro ánimo, pero aquello que le da soporte es lo que somos y como lo sabemos utilizar.

Tendemos a depositar en las circunstancias ajenas a nosotros mismos nuestro bienestar emocional. Sin dejar de negar que aquello que nos sucede tiene un papel en el estado de ánimo, hay que darse cuenta que nos hemos de sentir propietarios. Las riendas de nuestra realidad nos pertenecen y no habrían de ser débiles, en el momento de permitir que todo nos afecte más de lo que nos habría de afectar. Nuestro bienestar es algo demasiado importante para depositarlo en manos de lo nos puedan hacer los otros.

No se trataría de encajonarse dentro de una coraza impenetrable a todo aquello que viene de fuera. Al contrario, podemos estar abiertos a eventos que nos rodean, los podemos recibir sin restricciones, implicándonos y viviéndolos apasionadamente. Nos pueden alegrar, animar o frustrar y hacer sufrir, también nos pueden conmover o provocar una verdadera pena. Todo ello es vivir. Renunciarlo nunca será la manera de estar bien, como mucho será una forma de buscar la tranquilidad.

Los eventos que nos ofrece la vida se convierten en el núcleo fundamental del estado de ánimo, si lo que somos no flota por encima de las circunstancias o, al menos, lo intenta. Está en nuestro alcance sentirnos amos de nosotros mismos, más o menos felices, pero sin renunciar a sentirnos lo mejor posible. En todo caso, la conciencia de ser quien gobierna el timón de la propia vida se convierte en el condicionante fundamental en el momento de contestar “estoy bien

Del libro: Bienestar emocional – Dr. Joan Corbella.



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1 comentario:

  1. Es mucho más fácil decir " estoy bien " que sentirlo de veras...

    Es cierto que el timón de mi vida lo manejo yo, pero en muchas ocasiones aunque decido estar bien me cuesta conseguirlo, porque para que eso ocurra tienen que confluir, como dos ríos que se unen en una misma desembocadura, mi vida interna y la externa, es decir, primero tengo que estar bien espiritualemnte y mentalmente, pero por desgracia todo lo de afuera, como mi familia, trabajo , pareja, etc .. si no están bien, minan mi estado anímico más de lo que yo quisiera ...

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