Dice la
sabiduría popular que todo tiempo pasado fue mejor. Me vais a disculpar pero no
lo creo. Hay algunas cosas que en definitiva estaban mejor, pero no todo.
Es cierto que no controlamos
nuestros genes ni la familia ni el país ni el tiempo en que crecemos, pero la
suerte no está echada: podemos aprender a moldear nuestra manera de ser para
hacernos más sensatos frente a las incertidumbres, miedos y adversidades.
Porque lo sensato no es lamentarnos de la vida sin considerar sus bienes sino
celebrarla tras haber avaluado sus males. No hay falacia mayor que considerar
que hemos venido al mundo a sufrir, que la vida es un valle de lágrimas.
Charles Darwin ya fue terminante al respecto (Autobiografía, 1876)
La falacia que nos lleva
derechos a la desesperanza y se retroalimenta con ella es que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, que
vivimos en los peores momentos de la historia y que el futuro se vislumbra aún
peor. Pero todos los agoreros del destino siniestro de la humanidad han errado
rotundamente.
La mayoría nos sentimos bien
en la vida, ‘a pesar de todo’. Y aunque es verdad que en nuestro tiempo, como
en todos los de cambio profundo, se han incrementando los sentimientos de
inseguridad, desasosiego e indefensión.
“En el rocío de las cosas
pequeñas el corazón encuentra su alborada y se refresca” (Jalil Gibran). Por
mucha aflicción que los tiempos traigan no debemos prescindir de alguna rutina
para disfrutar momentos placenteros.
Muchas personas se ciegan con
la ficción de que el mundo está pasando por los momentos más desafortunados de
su existencia, y no tienen en cuenta la posición privilegio en la que vivimos.
Y cuando con ánimo de sopesar su situación presente la comparan con la de ayer,
a menudo seleccionan escenas que dejan fuera las terribles limitaciones que
caracterizaban la vida hace poco tiempo.
Ha cambiado la duración y
calidad de vida. Tan sólo en el siglo pasado, la muerte invadía los hogares con
mucha más frecuencia de lo que hoy hacen la depresión, el cáncer, el desempleo
y el divorcio juntos. A muchos se les olvida que hace unas pocas décadas la
educación constituía un privilegio, la única misión de la mujer era procrear, y
los niños afortunados que sobrevivían al parto y no eran abandonados por sus
padres crecían sin derechos.
Muchas personas mantienen una
visión siniestra del destino de la humanidad. Quizá por esto, la advertencia de
que el mundo avanza ciegamente hacia su autodestrucción sea tan frecuente, a
pesar de que quienes vaticinaron esta suerte en nombre de su dios. Han errado
sus escandalosamente en sus augurios pesimistas.
Lo que nos imaginamos casi
siempre suele ser peor que la realidad. Nuestras angustias suelen proceder más
de los temores imaginarios que de las amenazas reales.
Creo que contamos con
suficientes pruebas como para poder afirmar con confianza que las leyes de la
naturaleza se han inclinado a nuestro favor, algo que merece ser valorado y
disfrutado por todos nosotros como un regalo maravilloso.
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Más vale tarde que nunca.
ResponderSuprimirAquí te dejo mi comentario y mi voto para el concurso.
Saludos y Feliz finde.
Gracias MANUEL!!!
ResponderSuprimirQue tengas un magnífico fin de semana tu también. Un abrazo muy fuerte.
"cualquier tiempo pasado fuè mejor"...?¿ Pues realmente no lo sè. Creo que ese tiempo pasado tubo cosas buenas y malas como en todos los tiempos, ahora bien; teniendo en cuenta los tiempos en que vivimos, la situacion que tenemos y la poca vision factible de que lo que vivimos se reconduzca de forma positiva para el "de a pie". Casi mejor que si, ese tiempo pasado fuè mejor.
ResponderSuprimirGracias David, Besos ;)
Gracias a ti 4ever... Mi abuela y mi madre siempre me han contado historias, que no las quisiera vivir.
ResponderSuprimirBesos.