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domingo, 25 de septiembre de 2011

Al mal tiempo buena cara...







La amargura es la emoción que suele sentir una persona cuando sucede algo que la frustra. Por supuesto, la frustración no da lugar a una emoción de amargura en todos los casos.

Cuando vas a comprar algo que necesitas de inmediato y no lo tienen en la tienda; cuando una persona no reacciona del modo como crees que debería reaccionar; cuando te encuentras en un atasco... En definitiva, cuando tus planes se ven bloqueados (es decir, frustrados). O bien cuando sucede algo que te supone una molestia, es desagradable o no lo deseas. En este último caso, es tu derecho a la comodidad, la felicidad y el bienestar el que se ve frustrado.

Una vez que nuestros planes o nuestra felicidad se ven frustrados, podemos reaccionar de modos muy diversos. Depende de nosotros mismos como afrontemos estas incidencias, nuestras creencias aprendidas durante toda nuestra vida nos impiden ver muchas veces que la realidad se puede afrontar de muchas formas y amargarse no es precisamente la mejor de maneras de sentirse.

Me gustaría que leyerais una entrevista que le hicieron al psicólogo Rafael Santandreu  que ha publicado hace poco el libro titulado
“El arte de amargarse la vida” (Oniro)



Rafael Santandreu. Tengo 41 años. Nací y vivo en Barcelona. Soltero y sin pareja. La democracia del libre mercado no funciona, yo estoy por el decrecimiento. Creo que hay una dimensión espiritual en el ser humano; no sé si es real o no, pero es benéfica. 

"Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación"

Basta de dramatizar?
Sí, basta de 
terribilitis, porque la mayor parte de los trastornos emocionales (depresión, ansiedad, estrés...) son el resultado de esa tendencia a calificar de terribles cosas que no lo son.

Exageramos.
Anticipamos las desgracias y nos tomamos a la tremenda adversidades con las que deberíamos contar. Los seres humanos tenemos unas 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de la vida (te tuerces el tobillo, pierdes las llaves, te roban...).

Al mal tiempo buena cara.
O aceptas la realidad y dejas de exigirle a la vida, o te conviertes en un cascarrabias. Imaginarse muerto es una buena medida preventiva de las ansiedades cotidianas. Dígame, en esta vida tan corta y de la que desconocemos su sentido, ¿es tan importante esta desgracia que le está ocurriendo?

Hay que ver las cosas con perspectiva.
Hay que ser realista, con eso basta. Estamos llenos de creencias irracionales del tipo: "Si me despiden, es el acabose". El "debo hacerlo todo bien", "deberían tratarme con consideración y justicia" y "las cosas me deben ser favorables" son exigencias infantiles. La persona madura es la que no exige, sino que prefiere: "Me gustaría hacerlo todo bien, pero no lo necesito para disfrutar del día".

Un matiz importante.
Las personas vulnerables emocionalmente están llenas de exigencias, y cuando estas no se cumplen se enfadan con ellas mismas, con el mundo o con los otros.

¿De dónde surgen esas creencias?
Se transmiten socialmente, son mensajes que nos convierten en débiles y neuróticos. Yo he elaborado una lista de las diez creencias irracionales favoritas de los españoles.

A saber...
Necesito tener a mi lado alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué vida más triste! Tengo que ser alguien en la vida. No puedo tolerar que la gente me menosprecie. Debo tener un piso en propiedad o soy un fracasado. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con ella.

...
Tengo que tener una vida emocionante, de lo contrario mi vida es un desperdicio. Más siempre es mejor. La soledad es muy mala...

Qué agobio, sí.
La 
necesititis es devastadora y nociva para la salud mental. No es cierto que para ser felices necesitemos amor sentimental, éxito, hijos, no tener problemas... Si mantenemos estos deseos en el límite de las preferencias, nuestra mente estará sana.

¿Sanos, solos y aburridos?
¿Por qué no? Tener pareja y lo demás no producen tanta plenitud como puede parecer; si no, las consultas de los psicólogos no estarían llenas. No hay que exigir tanto a la vida, a los demás, ni a uno mismo.

¿Es usted un pasota?
Para nada. Me ocupo, pero no me preocupo de las cosas. El mito de la bondad de la preocupación que nos inculcan desde pequeños es absurdo y nocivo.

Pero si esas creencias son irracionales, ¿cómo poner razón en ellas?
Hay que revisar a diario cómo pensamos, detectarlas, combatirlas con argumentos y desarrollar nuevas creencias racionales. Una de las mayores causas de estrés es el miedo a hablar en público.

Nos afecta lo que piensen de nosotros.
Nos liberamos de la necesidad de aprobación de los demás cuando comprendemos que estar abajo no es ningún problema. Al contrario, ser capaz de estar abajo con orgullo y de buen humor te hace superior y te permite disfrutar más de la vida. Como todos los miedos, la vergüenza y el temor a hacer el ridículo se vencen pensando bien, no enfrentándonos a ellos.

Hay que tolerar la frustración.
No siempre conseguiremos nuestros deseos, pero no pasa nada: la vida sigue siendo bella. Eso es ser realista. La eficacia está sobrevalorada: todo lo que perdemos con los errores que cometemos, por ejemplo en nuestro trabajo, es obviable, pero no lo es la paz interior que perdemos obsesionándonos con la perfección. La felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.

Amores y desamores son termómetro de nuestro bienestar.
Uno está preparado para tener pareja cuando puede decirle: "Cariño, te quiero mucho, pero no te necesito nada". Las exigencias y tensiones que causa el amor dependiente, ese que nos trasmiten continuamente a través del cine o la música ("Sin ti yo muero"), es un mensaje neurótico.

...
Creer que tu pareja tiene que hacerte feliz es mucho exigir y te amargará cada vez que algo falle. Yo creo que si Romeo y Julieta se hubieran casado, su matrimonio no habría durado más de un año.

¿Mejor sugerir que exigir?
Pruébelo, el "me gustaría que..., pero si no lo haces te querré igual" da unos resultados fantásticos. Nunca exija nada a su pareja.

Nadie es perfecto.
La clave de las buenas relaciones es pedir a cada cual lo que puede dar. Aceptar incondicionalmente a los demás es la manera de aceptarnos del mismo modo a nosotros mismos. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación. Y no se cree obligaciones, las cosas hay que hacerlas por disfrute.



Fuente La Contra de La Vanguardia.


Para finalizar me gustaría dar tres truquitos que os ayudarán a superar esos momentos que nos predisponen a sentirnos mal anímicamente…

Olvídate del pasado: Muchas veces nos amargamos porque recordamos constantemente alguna mala experiencia que tuvimos ya sea ayer, hace un momento o en la infancia. ¡Libérate! Saca esos pensamientos de tu vida que solamente te están haciendo daño y sigue adelante. En la vida hay buenos y malos momentos. Disfrutemos de los buenos y pasemos página en los malos.

Abraza a tu hijo, o a cualquier persona que te quiera. Muchas veces cuando nos sentimos tristes abrazar a un ser querido nos hace olvidar todo lo malo.

Escucha tú canción favorita. La música tiene el poder de estimular nuestro ánimo. Escucha esa canción que te llene de vida e ilusiones.


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domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Repetimos los mismos errores con nuevas parejas?






Las segundas parejas arrancan de una experiencia previa que, la mayoría de las veces, pone trabas al avance sentimental. No es lo mismo empezar “de cero” que empezar “de nuevo”.

Embarcar el corazón en una nueva relación significa asumir el pasado sin empeñar el presente y el futuro. Un delicado equilibrio que no siempre se consigue.

El hecho de que hayamos roto con alguien no significa necesariamente, que nuestros gustos, costumbres y carencias sentimentales hayan cambiado.

A la segunda relación llevamos los mismos miedos, necesidades, conflictos y carencias que a la primera. Elegimos para emparejarnos a personas aparentemente distintas, pero muchas veces en el fondo, son similares, volviendo a repetir situaciones casi idénticas. Y, tendemos a echar la culpa al otro de nuestro fracaso anterior sin molestarnos en hacer una verdadera auto crítica.

Y ¿cómo podemos asegurarnos una garantía de éxito en nuestra nueva relación?

Lo importante es estar dispuesto a:

Recuperar la confianza en el amor. Las rupturas afectan a la seguridad y la autoestima, es necesario sobreponerse para empezar de cero.

Ser comprensivo. El pasado existe, no se puede borrar. No hay que pretender anularlo sino entenderlo e integrarlo, con sus obligaciones y relaciones afectivas, para ser capaces de empezar una nueva etapa.

Ser generoso. Cuando se ha tenido una experiencia negativa previa, se tiende a ser egoísta con el tiempo y con el dinero. Las negociaciones de los divorcios suelen recrudecerse cuando se toca lo económico. Lo material se manifiesta como una forma de venganza.

Dialogar. En las segundas parejas el dialogo es, si cabe, más importante que en las primeras. Tener presente lo que salió bien y lo que salió mal en la anterior relación y hablarlo evita interpretaciones erróneas y situaciones difíciles.



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domingo, 11 de septiembre de 2011

La memoria y el 11 de Septiembre de 2001



10 años. Una de las pocas fechas que todos tenemos grabadas en nuestras memorias al minuto, al instante. Todos, absolutamente todos, recordamos qué estábamos haciendo el 11 de Septiembre de 2001, cómo recibimos la noticia, quién nos dio la primera información, quién o dónde se encendió ess tele en la que muchísimos vimos en directo cómo se estrellaba el segundo avión, cómo se desplomaban las torres. Vivimos a la sombra del 11 de Septiembre de 2001. Aunque han pasado 10 años, todos recordamos qué estábamos haciendo en aquel momento. Dependiendo del lugar del mundo, dependía la actividad que estuviésemos desarrollando.

En Europa, la hora, hacia las 15:00 en la mayor parte del continente, hizo que a una buena parte les cogiese trabajando, a excepción de Cataluña donde se celebra “La diada” día festivo. En Nueva York, sin embargo, el día acababa de comenzar, y las oficinas de la capital del mundo estaban repletas (o en proceso de estarlo) de trabajadores.

Fue entonces cuando, en plena emisión de las noticias de televisión comenzaron a llegar noticias confusas desde Estados Unidos. Nadie pensaba entonces que estábamos asistiendo, en vivo y en directo, al mayor atentado terrorista de la historia.

Todos recordamos casi con perfecta nitidez lo que pasó después. El mundo entero acudía, por primera vez televisado, a un ataque sin precedentes a la mayor potencia mundial.

Todos pudimos observar cómo, entre imágenes de la Torre Norte en llamas y una humareda espectacular en el Pentágono, otro avión impactaba contra la Torre Sur.

Pocas veces, por no decir nunca, la práctica totalidad de la humanidad ha podido ser consciente de estar asistiendo a un día marcado para la historia del mundo.

Qué selectiva que es la memoria, no me acuerdo de lo que cene ayer, pero en cambio, recuerdo perfectamente ese día de hace 10 años que estando en casa y viendo las noticias ya no me pude despegar de la televisión hasta bien entrada la noche. (Hecho que no es nada usual en mí)

¿Y tú recuerdas que estabas haciendo ese día?





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domingo, 4 de septiembre de 2011

El colegio forma, pero los que educan son los padres.




Ahora que se acerca el inicio del nuevo curso escolar, es el momento de reflexionar sobre como educamos a nuestros hijos. En nuestra sociedad heterogénea, donde existen tantas culturas y maneras de criar los niños, cada familia espera un comportamiento diferente de sus hijos. El ayudar al niño a comportarse de una manera aceptable es una parte esencial de su crianza.

Dicen que hay tres formas de educar a los niños: la espontánea, que consiste en “dejar hacer” al educando, en no intervenir, ni orientar, ni estimular. El chico se mueve según sus propias normas de conducta. En ocasiones, detrás de esta actitud está el abandonismo y el dimitir de las responsabilidades de educador.

La otra forma es el voluntarismo, según la cual el niño se auto educa con esfuerzos personales, fortaleciendo su fuerza de voluntad. El alumno no se dirige a lo que le gusta o apetece, sino a lo que a la larga es mejor para él. Esta forma de educar es aconsejable, aunque sin caer en los excesos.

La tercera forma de educar sería la vía intermedia entre las dos anteriores. El chico conoce y vive unas normas de conducta claras en la familia, en la escuela y en la sociedad y a la vez desarrolla su libertad responsablemente. El niño se mueve entre la autoridad de los educadores y la libertad personal. Ambos elementos son necesarios. Podemos decir que educar es convertir a alguien en una persona más libre e independiente.

Ayer en la entrevista de La Contra en La Vanguardia Francisco Kovacs nos propone un método educativo.

Francisco Kovacs, médico. Tengo 47 años. Nací y vivo en Palma de Mallorca. Soltero. Presido la Fundación Kovacs dedicada a la investigación médica. Cuando un país tiene un nivel educativo muy bajo y una justicia que no es predecible, no es democrático aunque vote. Creo que en el humano está todo.


Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
"No hay ninguna excusa para los padres vagos"
En un entorno global competitivo, o aseguramos la educación de las próximas generaciones o hablaremos todos chino rápidamente.

¿Y qué significa educar?
De acuerdo con el conocimiento científico tres cosas: el niño debe estar rodeado de un entorno que fomente al máximo todas las capacidades que su código genético permite. No se trata de hacer nada artificial sino permitir que esa potencialidad fructifique.

No idiotizarlo, vaya.
En segundo lugar hay que rodearlo de afecto. Y en tercer lugar hay que darle modelos de conducta que pueda imitar y que le transmitan los valores que socialmente queremos, véase el rigor, la disciplina, la meritocracia, la justicia, etcétera.

Entendido.
El conocimiento científico demuestra que, al nacer, la mayor parte de nuestras neuronas no están conectadas entre sí. Se conectan o no en función de los estímulos del entorno, y cuanto mayor es el sujeto más difícil. Con lo cual, quien debería fijar el calendario educativo es el desarrollo biológico del niño.

Es usted un poco determinista.
Hay tres estereotipos. El primero es el del salvaje feliz, lo de que hay que dejar al niño que brote espontáneamente como las lechugas. Una educación no intervencionista no es educación, es agricultura. Y condena al niño a ser un fracasado toda su vida. No hay ninguna excusa para los padres vagos.

Radical.
Una vez que el niño ya tiene cierta edad (entre los 10 y 14 años), y empieza a tener una vida cada vez más autónoma en la que la influencia de los padres es cada vez menor, se encuentra con situaciones que son contradictorias a aquellas en que lo han educado.

Póngame un ejemplo.
Si al niño lo han educado bien en su casa, tendrá un concepto claro de la justicia: yo puedo predecir qué voy a hacer y qué me va a pasar, en función de lo que haga, mis padres me van a premiar o castigar. Pero cuando sales al mundo te das cuenta que hay cosas que funcionaban en tu casa que en el ámbito macro no funcionan igual.

¿Entonces?
También es necesario dotar en cuanto es posible al niño de un criterio propio, sólido y fundamentado para que pueda resistir el contacto con la realidad sin considerarse idiota ni abjurar de sus principios.

¿Y cómo se hace eso?
A través de tres claves: Formación, información y ejemplo. No basta con decirle al niño desde pequeño que la honradez es un valor positivo, debes predicar con el ejemplo. Si tú admiras a un ladrón porque preside un gran banco te estas contradiciendo.

Las contradicciones son inevitables.
Hay que darle información para que comprenda que no tiene que cuestionar sus principios sino sobrevivir en un entorno donde no siempre se aplican. Intentar aislar al niño en una burbuja es un suicidio, porque en cuanto el niño sale al mundo se lo comen.

Glups.
Hay que prepararle para que cuando tú ya no estés tan presente, sea capaz de autoeducarse constantemente. Es lo que deberíamos hacer todos los adultos.

Usted bombardea el sistema educativo.
Año tras año, cuando salen los resultados del informe Pisa, el director general de turno o la ministra, si las elecciones están cerca, hace dos declaraciones tópicas típicas y hasta el año próximo. Con este planteamiento el fracaso está garantizado.

¿Qué propone?
Volver a implantar valores y mecanismos educativos contrastadamente eficaces y dejarnos de experimentos pedagógicos. Por ejemplo deberíamos agrupar a los niños por nivel, no por edad biológica. Eso de que los niños crecen industrialmente y el que nació el 31 de diciembre le corresponde otro nivel del que nació al día siguiente es una aberración que sólo cabe en la cabeza de los que perpetraron la Logse.

¿Qué más?
Instalar mecanismos de premio y castigo (que no significa tortura y mimo) que es como funciona nuestro cerebro. Si tratas igual al que estudia que al que no lo hace, estas incentivando que todo el mundo suspenda.

Aboga por una educación tradicional.
Estamos en un entorno políticamente correcto y blandito que nos está llevando al hundimiento colectivo. Ahora por ejemplo la competitividad no está de moda. Pero vivimos en una sociedad globalizada, la competencia está y hay que aprender a manejarla. Aprender a competir es no abusar cuando ganas ni frustrarte cuando pierdes.

¿Qué pasó entre usted y su padre?
Me permitió hacer lo que yo quería siempre que estuviera a la altura: si quieres tocar el piano, te comprometes a hacerlo lo mejor que puedas. Si pretendes ser libre tienes que demostrar que eres digno de esa libertad y que la ejerces bien. No ganas derechos por el hecho de crecer biológicamente.

Interesante matiz.
Si el niño aprende a abjurar del esfuerzo no sólo lo conviertes en un vago, sino que mediatizas todas sus decisiones de futuro, siempre va a hacer lo que le sea más fácil.

Además de educadores, ¿podemos ser amigos de nuestros hijos?
Los padres pueden decidir ser amigos de sus hijos, pero tienen que ser conscientes de que los dejan huérfanos.



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