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miércoles, 30 de marzo de 2011

El pijama azul...








Un hombre llama a su esposa desde el trabajo y le dice: 
 

- Querida, el Jefe me encargó que lo acompañe a pescar a Canadá con algunos clientes muy importantes.

-Nos vamos por una semana y ésta será una muy buena oportunidad para conseguir mi tan ansiada promoción.

-No te olvides de meter suficiente ropa para una semana, además de la caña de pescar y la bolsa con los anzuelos, y cuando salga de la oficina lo paso a buscar... 

-¡Ah, y no te olvides de incluir mi pijama de seda azul! 

La esposa piensa que esto suena un 'poquito' extraño y que era de lo más llamativo que necesitase un pijama tan lujoso para una excursión de pesca, pero, como buena esposa, hizo lo que su marido le pidió. 

Una semana después regresa el marido, un poco cansado, pero contento.

La esposa le da la bienvenida y le pregunta:
 

-¿Pescaste mucho? 

- ¡Ufff!... -contesta él-. No dejamos una trucha ni para muestra. 

Pero... ¿Por qué no metiste mi pijama azul, como te pedí?

Y la mujer le responde:

 - Sí que lo hice... ¡Lo puse en la caja de los artículos de pesca!

domingo, 27 de marzo de 2011

Somos lo que elegimos, una lección de Jeff Bezzos





En una ceremonia de graduación en Princeton, Jeff Bezos, como antiguo alumno de esta universidad, fue el encargado de dar una lección magistral a los alumnos que se licenciaban en la pasada promoción.

Jeff Bezos, centró su discurso en las experiencias vividas, mostrando su reflexión después de captar la atención de la audiencia con la anécdota que narró sobre sus abuelos, para explicar la diferencia existente entre tener un don y hacer una elección adecuada, se puso a sí mismo como ejemplo, incluyendo la referencia a la creación de la popular librería de venta por Internet Amazon para justificar el porqué decidió abandonar un trabajo estable y volverse emprendedor para cumplir su sueño.

Toda la historia que habéis escuchado en el vídeo (y podéis leer al completo en "We are what we choose"), buscaba un fin: mostrar a los alumnos recién graduados, y privilegiados por haber podido estudiar en Princeton, que la inteligencia es un regalo y la amabilidad una elección. Y lo difícil es tomar las elecciones y las decisiones adecuadas.

Esta historia aquí contada es la de una vida de un emprendedor, pero creo que nos sirve a todos nosotros en cualquier aspecto de la vida. Constantemente tenemos que estar tomando decisiones, no sólo del trabajo, pueden ser de relaciones de pareja, estudio, comprar una casa… Estás decisiones nos afectarán principalmente a nosotros en primera persona y posiblemente a nuestra familia, a veces tomamos las decisiones fáciles, para evitar esta circunstancia, os propongo que os planteéis la siguiente pregunta ¿Cuándo hayan pasado 10 o más años me arrepentiré de no haberlo intentado?  

Lo dicho, toda una historia magistral ésta de Jeff Bezos en Princeton, deseo que os guste.

Video:Jeff Bezos: We are What We Choose (Subtitulado en español)






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martes, 22 de marzo de 2011

¡Nadie puede hacer nada por ti! Sólo tú


       Foto: David Airob



Ayer en La Contra de La Vanguardia podíamos leer este magnífico artículo sobre Edurne Pasaban una persona que había conseguido lo que pocas personas en el mundo han logrado y en cambio ella se sentía que no valía nada.


Edurne Pasabán, la mejor montañera de la historia. Tengo 37 años. Nací en Tolosa y vivo en San Sebastián. Soy ingeniera y MBA por Esade.Subo montañas: soy la primera mujer en coronar los 14 ochomiles del planeta. Estoy soltera y sin hijos. No me interesa la política. De tanto ir a Nepal se me está pegando el budismo.


Ha subido a lo más alto
Aunque yo no me sintiera en lo más alto.

¿No?
En mi vida diaria me he sentido muy poquita cosa, y he intentado suicidarme varias veces.

¿Cómo?
Pastillas, cortándome las venas... y al final llamando siempre al 112, que me salvaba. Quería llamar la atención, supongo...

¿Cuándo fue eso?
En el año 2006: ya tenía ocho de las catorce montañas de ocho mil metros de la Tierra.

¿Y qué le pasaba?
¡No quería vivir! No salía de la cama, sentía que no valía nada, no me quería: encerrada a oscuras, no quería ver a nadie... Es tan, tan jodido... Los demás decían: “¡Pero si lo tiene todo!”. Pues yo no lo veía. ¿Cómo llegué ahí?

Algún conflicto habría, ¿no?
En la montaña me transformo: soy toda autoconfianza, seguridad, coraje... ¡Lo que me ha faltado abajo, toda miedos, inseguridades…! Ahora estoy aprendiendo a aplicar mi actitud montañera a mi vida cotidiana…

¿Por qué confiesa estas inseguridades?
Es parte de mi autoterapia, supongo. Ahora que ya he conquistado las 14 montañas más altas de la Tierra, estoy conquistándome a mí misma: ¡esta es la montaña más alta y más difícil! Pero ahora estoy animada.

¿Qué le llevó a subir ochomiles?
El amor me hizo himalayista: en mi primera expedición al Himalaya conocí a un alpinista italiano, Silvio, nos enamoramos... Ninguno de mis colegas quiso repetir un ochomil. Pero yo sí: por volver a estar con Silvio.

Bonita historia...
Fue un amor imposible: él volvía con su esposa al acabar cada expedición. Estuvimos así tres años, de expedición en expedición… Hasta que tuvo otro hijo, y ya no volvió.

¿Cómo lo vivió usted?
Fue muy duro. Silvio Mondanelli había sido mi acicate, era un crack, el jefe de mi cordada, y yo subía tan confiada... ¿Sería capaz de culminar un ochomil sin él? Dudé de mí, estuve a punto de tirar la toalla...

¿Y?
Elegí el Cho Oyu... y lo subí. De los catorce ochomiles, el Cho Oyu es el más asequible, eso sí... Pero vi que podía seguir sin él.

¿Hay machismo en la alta montaña?
Puedes ser vista como un lastre... hasta que demuestras que no y coges tu lugar.

¿Hay sexo en la alta montaña?
Hay romances muy intensos y bonitos arriba. No es incompatible gozar del sexo y escalar. Al contrario: si eso alivia tensiones...

¿La han cortejado mucho allá arriba?
No, me identificaban como pareja de Silvio.

¿Pudo la ruptura deprimirla?
Yo sabía desde el principio que era un amor imposible... Pero tuve otra relación posterior de la que sí esperaba más cosas... y no funcionó. Eso sí me afectó.

¿Y cómo salió del pozo?
Mis amigos me animaban a apuntarme a excursiones, expediciones... Me negaba. Un día me animé... Fue bien. Y me metieron en la cabeza lo de completar los catorce ochomiles. Fue en el 2007, y ese reto tiró de mí.

Y hoy es ya la primera mujer alpinista de la historia que ha logrado esa gesta.
Lo importante ha sido sentir que puedo hacer cosas por mí misma, por decisión propia, no por inercias o rutinas: ser yo misma.

Pero ha puesto su vida en peligro...
En el descenso del K2 me detuve a descansar, me quedé adormilada… ¡y suerte que otros venían detrás de mí y me vieron!: hubiese muerto congelada. Los descensos son más peligrosos que las ascensiones.

¿Por qué?
Vas más desgastado y desconcentrado, con la relajación del éxito... Pero el éxito no es llegar arriba, ¡el éxito es llegar abajo!

¿Ha padecido alguna congelación?
Sí, tuvieron que amputarme un dedo de cada pie (el de al lado del dedo gordo). Me congelé con Juanito Oiarzábal, pero a él tuvieron que amputarle más dedos que a mí.

¿Ha visto morir a compañeros?
Sí, los he visto despeñarse. En esos momentos se te activa el instinto de supervivencia: sólo piensas en salvarte. Hasta que no estás a salvo no calibras de verdad lo sucedido. No es egoísmo, ¡es algo instintivo!

¿Quedan restos de alpinistas en las cumbres?
Si subes al Dhaulagiri pasarás un repecho con el cadáver congelado de un alpinista neozelandés. ¡El gran alpinista es el que sabe darse la vuelta!

¿Qué quiere decir?
Saber cuándo no puedes seguir es clave: regresas..., ¡y ya habrá otra ocasión! Pero si sigues… quizá acabe todo ahí. La persona valiente es la capaz de retornar y hacerse autocrítica, no la suicida.

¿A qué ochomil no volvería jamás?
Al K2. Es la cima más complicada. También ofrece la vista más espectacular.

¿Daría un consejo a un lector deprimido y a su entorno?
Sólo hay un consejo: cree en ti. ¡Nadie puede hacer nada por ti! Sólo tú. Y al entorno: estar ahí... y paciencia. No le pidan nada al deprimido, le harán sentir más culpable...

¿Qué planes tiene ahora?
Subir al Everest sin oxígeno, en abril, porque es el único ochomil que hice con oxígeno. Y recuperar mi vida, ser la heroína de mi vida: me gustaría tanto tener hijos...

¿Está ahora enamorada?
Creo que sí.


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