Sí la pregunta que hice
el viernes en el Café de Gotas de Armonía hubiera sido ¿Para qué sirve un
lápiz?, la respuesta obvia de la mayoría de personas sería para escribir
o colorear… Esto es lo que nos suele ocurrir cuando juzgamos las cosas o
situaciones con nuestro mapa mental adquirido a lo largo de nuestros años.
Vemos lo asimilado con el filtro de lo aprendido y creemos que es la única
realidad.
Pero la pregunta fue
diferente… ¿Dime cosas que se pueden hacer con un lápiz,aparte de escribir?
Con la mente abierta a
nuevas opciones, las respuestas fueron variadas, para mezclar el café, si lo
muerdes te ayuda a controlar el estrés, delinear los ojos o los labios, para
empezar un nuevo camino en tu vida, enrollar el pelo en un moño y clavarlo para
sujetarlo, usarlo como bigote, para hacer cosquillas, para taladrar el papel,
partirlo y hacer dos lápices, para apretar los minúsculos botones, para jugar a
amasar en forma de rodillo, rodarlo por la cara como masaje, como instrumento
musical, para rascarse la oreja y la cabeza, usarlo como regla, ensayar el desfile de "majorettes", como dardo, para hacer el agujero de las rosquillas, para medir, para marcar donde va un clavo, para poner un rollos de papel, decorarlo... y supongo que si continuamos
con la mente abierta se nos ocurrirán muchas más utilidades que darle a un
simple lápiz.
Todo el mundo, con mente
abierta o no, tiene una opinión al menos acerca de algún tema, pero eso no
significa tener la razón, porque al igual que el lápiz todas las opciones son
buenas.
El otro día leí en una
página una nota, que por lo visto son de las que circulan por toda Internet y de la que desconozco al autor, pero que posiblemente cuando la escribió posiblemente estaría molesta…
“Antes de juzgar mi
vida o mi carácter, ponte en mis zapatos y recorre el camino que he recorrido.
Vive mis penas, mis dudas, mis temores y mis amores. Recorre los años que he
recorrido y allí donde yo tropecé, tropieza, y así como yo me levanté,
levántate (si puedes); entonces ahí podrás juzgarme. Todos tenemos una historia.”
Somos muy propensos a juzgar la vida de los demás, sin conocer el bagaje
de su vida, la situación en que se encuentra y las razones porque se actúa de una forma y no de otra.
Muchas personas se horrorizarían si se les tachara de racistas o de machistas o de sentir rechazo hacia la gente mayor. Sin embargo, un test que se realizó en Internet, ha puesto en evidencia, lo que inconscientemente preferimos o rechazamos a pesar de nuestras buena intenciones.
Muchas personas se horrorizarían si se les tachara de racistas o de machistas o de sentir rechazo hacia la gente mayor. Sin embargo, un test que se realizó en Internet, ha puesto en evidencia, lo que inconscientemente preferimos o rechazamos a pesar de nuestras buena intenciones.
Este sencillo test
denominado Prueba de Asociacion Implícita (IAT son sus siglas en inglés)
publicado en Internet ha abierto el debate.
La mitad de los
encuestados negros valoraron más a los blancos. Muchas personas que completaron
la prueba prefirieron implícitamente más a los jóvenes que a los ancianos, así
como favorecieron inconscientemente a los hombres frente a las mujeres
De esta investigación se
desprende que las personas no conocemos tan bien lo que albergamos bajo la capa
visible de nuestra conciencia. Realizar el test sorprende: se rechaza la
homosexualidad, se cree que los obesos son “malos” y se relaciona más al hombre
que a la mujer con el pensamiento científico. Por fuera, sin embargo, creemos
que estamos libres de cualquier tipo de prejuicio.
La web oficial del IAT permite probar las preferencias
individuales en más de 90 temas, como mascotas, política, deporte, música o
etnias.
Todo ello apunta a que,
a pesar de lo que pensemos de nosotros mismos, existe una red inconsciente de
valores que condiciona lo que creemos de los demás, y que esas creencias pueden
salir a la luz en determinadas situaciones.
En sentido general una mente abierta es aquella que mantiene una actitud
libre de prejuicios ante cualquier hipótesis o creencia aunque sean ajenas a su
conocimiento.
En realidad, sabemos (lo que se dice
“saber”) muy pocas cosas. En la mayoría de los asuntos nos limitamos a opinar con menor o mayor acierto.
Elaboramos un dictamen acerca de algo o de alguien (lo hagamos público o lo reservemos para
nuestro uso interno) en base a muchos factores: si nos gusta el tema o no, si
nos cae bien la persona o no, si nos han hablado bien de ese tema o de esa
persona o, por el contrario, nos han contado las peores cosas, sobre el tema o
sobre la persona.
Vídeo:
Joss Stone – Right to be wrong (Tengo derecho a equivocarme)
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Excelente entrada.
ResponderSuprimirNadie somos quienes para juzgar a nadie pues no sabemos lo que ha pasado en su vida, aunque desgraciadamente, no es algo que se tienda a respetar, y aunque se habla mucho del amor incondicional, el no juzgar y demás, creo que nos queda mucho por aprender al respecto. No en vano estamos aquí y a eso vinimos, a aprender.
Gracias por la entrada y un fuerte abrazo
Gracias Mari Carmen por tus palabras, estas me han recordado una frase de Aldous Huxley...
ResponderSuprimir"Hacia donde miremos, encontraremos que los verdaderos obstáculos para la paz son la voluntad y los sentimientos de los hombres, las convicciones humanas, los prejuicios y las opiniones. Si queremos librarnos de las guerras, tendremos antes que librarnos de todas sus causas psicológicas."
Un abrazo, David
Pues sí, efectivamente así es David. Tarea a trabajar y de la que aprender.
ResponderSuprimirOtro fuerte abrazo