La vida fluye día con
día, a veces sin percatarnos de todo lo que con ella viene. Para algunos,
saludarnos y darnos un beso de buenos días, es el alimento de nuestra alma para
proseguir; para otros, el tener un buen empleo, buena posición económica y una
familia, es suficiente y para otros más, es el saber que podemos estar cerca de
los nuestros con el simple clic de un ratón de
ordenador. Para todos y cada uno de nosotros, las prioridades las tenemos
establecidas y eso es un aspecto que no podemos juzgar. Sin embargo, no podemos
negar que la influencia de la tecnología ha cambiado invariablemente nuestra
percepción de la vida.
La
tecnología forma parte de nuestras vidas y en ello, no hay duda.
Diariamente,
utilizamos un medio de transporte para llegar a nuestro destino; utilizamos el
teléfono para hacer una llamada personal o bien de negocios; mandamos un fax a
alguien que se encuentra en otro edificio, o bien a otro estado; escribimos un
“e-mail” para comunicarnos con nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos
o nuestros familiares; y así podemos mencionar una gran variedad de tecnologías
que conviven con nosotros, a veces percatándonos de su influencia directa que
ejercen sobre nuestro “ser”, aunque la mayor parte de las veces pasa
inadvertida.
El relato que quiero compartir hoy me
gusta porque demuestra cómo cambia la mentalidad de nuestros hijos con respecto
a la tecnología y como los padres hemos de esforzarnos por establecer vías de comunicación
con nuestros hijos también en el ámbito tecnológico, y cuanto antes empecemos,
mejor. Los niños crecen muy deprisa y la tecnología aún más, lo que nos obliga
a los padres a estar constantemente al día, no tan sólo en la vida offline.
Anoche le contaba a mi niña un cuento infantil muy famoso, Hansel y Gretel.
En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos
pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan para regresar a casa.
Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a
anochecer. Mi hija me dice justo en ese punto:
- 'No importa. Que lo llamen al papá por el móvil'.
Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la
vida ajena a la telefonía inalámbrica.
Al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura si el teléfono
móvil hubiera existido siempre.
Cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer y qué fácil se habrían
solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector ahora mismo, en una historia clásica.
Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. Un
teléfono con cobertura, con conexión a y chat, con saldo para enviar mensajes
de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse
desde cualquier sitio, chatear, hacer videoconferencias y enviarse mensajes de
texto? Nooo, no funciona un carajo.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con
incertidumbre a que Ulises regrese del combate y Caperucita alerta a la abuela
a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria y Tom Sawyer no se pierde en
el Mississippi gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Un enorme porcentaje de las historias de veinte siglos atrás, han tenido
como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la
incomunicación.
Existieron gracias a la ausencia de telefonía móvil.
Ninguna historia de amor hubiera sido trágica si los amantes hubieran
tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa.
La historia romántica Romeo y Julieta, basa todo su dramatismo en una
incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree
muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. Si Julieta
hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo
en el capítulo seis:
M HGO LA
MUERTA,
PERO NO TOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.OK ?
PERO NO TOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.OK ?
Y las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran
escrito nunca, si hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de
Movistar.
Muchas obras importantes hubieran tenido que cambiar el nombre por otros
más adecuados.
Por ejemplo la novela de García Márquez "Cien años de soledad" se
llamaría 'Cien años sin conexión' y narraría las aventuras de una familia en
donde todos tienen el mismo nick pero a nadie le funciona el messenger
(buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig).
La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en
1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos
entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el
historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un
forastero de malvivir.
En la obra 'El retrato de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de
un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con
Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de
su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.
La bruja del clásico 'Blancanieves' no consultaría todas las noches al
espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por
llamada del oráculo sería de 1,90 Euros la conexión y 0,60 Euros el minuto; se
contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
Todo el cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por
la ciudad porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con
un SMS de cuatro líneas.
La telefonía inalámbrica nos va a entorpecer las historias que contemos de
ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más
predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real?
¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle
a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora? No. Le
enviaremos un mensaje de texto. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos
una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que la mujer amada, no tenga
su móvil en modo vibrador.
Nuestras tramas están perdiendo el brillo porque nos hemos convertido en
héroes perezosos.
Hernán Casciari
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A pesar de lo que me ha hecho reir esta entrada,he de decir que realmente los avances tegnológicos estan bien pero, como todo en su justa medida . En los ejemplos expuestos, la verdad es que si en ellos se hubiera implementado la tegnología de que disponemos ahora, les restaría "vida". Mis hijos tampoco saben de que va ese mundo en el que vivían y vivimos (les digo de ver una peli antigua en blanco y negro por ejemplo y me dicen : "mama, que te has fumado?, mira que eres antigua")y me causa una cierta tristeza pensar que ellos no sabran nunca lo que es la vida tal cual. Estoy de acuerdo en que no podemos, como padres quedarnos atrás en este aspecto. De hacerlo, habriremos un hueco en nuestras relaciones para con ellos.
ResponderSuprimirSaludos David, magnifica entrada ;)
Estamos metidos en una senda de avances tecnológicos y no creo que debamos oponernos.
ResponderSuprimirDebemos intentar recoger lo bueno que nos aporta e intentar minimizar sus defectos.
Un abrazo, 4ever!!!