Google+ Followers

domingo, 28 de agosto de 2011

Odio las discusiones






Odio las discusiones

Los conflictos desestabilizan. Gritar es inevitablemente malo e improductivo. Por  supuesto, discutir a la menor contrariedad no es constructivo, pero no hacerlo nunca impide avanzar e intensificar nuestras relaciones.

Hay quien prefiere evitar cualquier enfrentamiento antes que poner en peligro sus amistades y su propia autoestima. Ya sea por inseguridad, miedo o vergüenza, callan, corriendo el riesgo de convertirse en espectadores de su propia vida.

El problema radica en que, asociamos las discusiones con sentimientos y comportamientos negativos, como la violencia, la ira o el fracaso. En nuestra mente el conflicto se vuelve malo y simboliza el fracaso de nuestras relaciones.

Uno de los responsables de nuestras inhibiciones es el miedo a la reacción del otro, a ser juzgados e, incluso, rechazados. Es un mecanismo de defensa instintivo, de supervivencia, que justifica el hecho de esquivar el conflicto para no poner en peligro la seguridad emocional.

Otro motivo, que nos induce a esta conducta evasiva es la falta de autoestima. Huir de la oposición es evitar la sensación de inferioridad y mantener, aunque sea de manera ilusoria, nuestros valores.

Sin embargo, debemos aprender a valorar los conflictos como una oportunidad de profundizar y de aclarar malentendidos.

¿Cómo se hace?

Antes de aventurarnos a emprender cualquier tipo de confrontación debemos reconocer si es necesaria y, si lo es, afrontarla. No hacerlo puede comportar que ese desacuerdo sea persistente en el tiempo.

Identificar los puntos de discordancia con la otra persona, lo que esperamos de ella y nuestras propias necesidades es una buena manera de ser honestos con nosotros mismos y con el otro.

Podemos aprender a expresar sentimientos y deseos de una forma activa y empática, sin sentir vergüenza y sin ignorar los derechos del otro, y a defendernos sin agresión delante de las conductas inapropiadas de los demás.

Debemos utilizar dos principios sencillos: hablar en primera persona (“Me siento…”, “Necesito…”) y practicar la escucha activa.

Si empiezas a comunicarte construyendo las frases así, la otra persona se dará cuenta de que su comportamiento tiene un efecto sobre ti, y que cuando te sientes mal necesitas hacer algo para remediar tu malestar.

También te puede interesar:

Hoy día falta tensión sexual en las parejas

La crisis de los 40 en la mujer

La crisis de los 40 en la mujer, como superarla

La crisis de los 40 en los hombres

La crisis de los 40 en los hombres, como superarla

2 comentarios:

  1. Pienso que las discusiones son necesarias para que la relación goce de una buena salud, pero hay que tener en cuenta que, en exceso pueden desgastar .

    No es tan importante el por qué se discute como la forma en la que se hace. Las discusiones llenas de ataques y reproches personales tienen un efecto " tóxico ".... sin embargo las discusiones civilizadas, es decir, aquellas en las que impera el respeto y el deseo de llegar a una solución satisfactoria para los dos, pueden unir más a la pareja.

    A la hora de iniciar una discusión habría que pensar si realmente vale la pena hacerlo... , o contar hasta 10 para pensar en otra cosa antes de iniciar una discusión innecesaria.

    Gracias David, como siempre , por tus maravillosas entradas que nos hacen pensar en ellas..

    Un abrazo fortísimo.

    ResponderEliminar
  2. Tienes toda la razón CHARO!!! Creo que en la vida de una pareja siempre surgen conflictos, sino fuera así sería muy aburrido ji ji.

    La solución correcta sería sustituir la palabra DISCUSIÓN, que a mí particularmente me suena a enfrentamiento, por la palabra DIALOGO que me suena a entendimiento entre ambas personas. Intentando ponerse en los zapatos del otro (EMPATIA) y comprendiendo su punto de vista.

    Un abrazo muy muy fuerte,
    David

    ResponderEliminar

Las 10 gotas... más leídas en la última semana

Las 10 Gotas... más populares