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martes, 31 de mayo de 2011

¿Por qué besamos?






Casi todos los días, casi todas las personas besamos. Pero casi nunca pensamos en sus motivos, maneras y consecuencias. Pasa comprenderlo deberemos indagar en el origen de la conducta, rebuscar en los entresijos de la historia, escudriñar en la fisiología, analizar los condicionantes sociales, etológicos o antropológicos, estudiar sus las peculiaridades culturales o geográficas, investigar sus riesgos y beneficios, preguntar a los artistas y a sus obras, o pedir la opinión de personas anónimas. Cualquier cosa antes que trivializar sobre una conducta tan peculiar e interesante. El beso es universal, intemporal, ubicuo y variopinto. No cabe tomarlo a la ligera.

El primer beso es una de las experiencias más intensas de la vida, más fuerte incluso que la pérdida de la virginidad. Ese es uno de los principales argumentos del libro La ciencia de los besos, de Sheril Kirshenbaum, una científica de la Universidad de Texas. La autora del texto asegura que la mayoría de personas es capaz de recordar el 90% de los detalles del primer beso.

Tiernos, amistosos, eróticos…, los besos no sólo expresan sentimientos y resultan placenteros para quien los da y para quien los recibe. Son esenciales para erotismo y poseen un protagonismo indiscutible en las relaciones.

Además del sonido que se produce al dar el beso, cuando lo hacemos nuestro organismo experimenta una auténtica tormenta química.

El papel del beso en los preliminares y durante el acto sexual es, junto con las caricias, clave para conseguir una relación placentera.

Dar un beso es una especie de conducta misteriosa pero cargada de simbología, mediante la que expresamos muchas cosas, como por ejemplo, respeto, amor o devoción. Cuando es sincero, el beso tiene un valor comunicativo enorme.

En cada cultura el significado de un beso varía. En algunos lugares el beso en los labios demuestra cariño y se da entre los hombres, mujeres y niños. En otros países está restringido a la intimidad de la pareja.

El beso es en realidad un fenómeno occidental y hay un montón de culturas que simplemente no se besan. El beso con la boca abierta, o el beso táctil, que vemos en las películas (y en la calle) es una algo nuevo, que sólo cuenta con alrededor de unos pocos cientos de años. Tradicionalmente, los japoneses no usan los besos como señal de afecto. Tampoco lo hacen muchas razas indígenas de África. Ninguna de las lenguas célticas tienen una palabra para ‘beso’, y tampoco la tienen las lenguas indígenas o malayas.

Siempre me pregunto ¿Por qué dentro de una misma cultura o incluso dentro de una misma familia unas personas besan más que otras?

Una persona puede estar habituada a ver besarse en la calle, a ver películas llenas de besos y a no haber recibido un abrazo ni un beso de su madre en toda su vida.

¿Y qué sucede cuando damos o recibimos uno?

Un beso erótico en la boca, con pasión, entrega y excitación provoca una especie de terremoto hormonal. Nuestro organismo experimenta una autentica tormenta química, el corazón late más deprisa, la presión sanguínea aumenta, la respiración se acelera. Se liberan un gran número de hormonas, como la oxitocina, conocida como “la hormona del amor”.

Se ha estudiado que las personas que se despiden cada mañana de su pareja con un beso tienen una mayor calidad de vida.

Hay un dato curioso, y es que, al besar, la respuesta fisiológica de hombres y mujeres es distinta. En el caso de las mujeres bajan las pulsaciones y en los hombres al contrario.



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