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domingo, 20 de febrero de 2011

¡Mi cara se pone como un tomate!






Como un tomate. La cara de algunas personas se vuelve literalmente roja cuando pasan vergüenza. El rubor es una reacción fisiológica natural ante estímulos físicos -cambios de temperatura, esfuerzo, consumo de alcohol…- o psicológicos -ansiedad, nervios, vergüenza…- y hay personas más propensas porque tienen la piel más clara, más fina o con mayor densidad de pequeños vasos sanguíneos.

Durante el estado de rubor, la cara se vuelve roja, la mirada hacia abajo y la persona queda inmóvil o sigue sentado y mirando al suelo. Dado que esta acción es una respuesta automática, es casi imposible de parar una vez la acción ha comenzado. De hecho, cuanto más se intenta dejar de ruborizarse, más la cara se pone roja.

Ciertas personas atraviesan un verdadero tormento cuando les salen los colores, hasta el punto de que evitan las situaciones que asocian al enrojecimiento facial.

El rubor es una reacción natural ante estímulos físicos o psicológicos, pero el miedo a sonrojarse, sobre todo en situaciones sociales, puede derivar en un trastorno mental.

Charles Darwin afirmó que el rubor es la expresión más compleja del estado emocional de los seres humanos, incluyendo la auto-atención, la vergüenza, la timidez, modestia y rubor se describe como el más peculiar de todas las expresiones.

Hay que dejar totalmente claro que el rubor ni es una enfermedad ni es un trastorno psicológico, sino que es una reacción fisiológica totalmente normal.

Calor en la cara

El rubor facial llega a producir miedo por dos vías distintas. Por un lado, porque la persona ha sido objeto de burlas o risas por ponerse colorada delante de otros, por lo que una sensación que antes era neutra (notar calor en la cara, puesto que uno no suele verse a sí mismo sofocado) empieza a ser temida.

El segundo mecanismo es del condicionamiento clásico que estudió Pavlov en su famoso perro: “Como ese rubor aparece en situaciones que producen ansiedad, por ejemplo hablar en público o cometer un error social, adquiere la capacidad de producir ansiedad”. En cualquiera de los dos casos, el sonrojo acaba convirtiéndose en una obsesión y, cuanto más se le teme, más fácil es ‘encenderse’.


Las personas que sienten vergüenza evitan las situaciones que le sacan los colores, que generalmente son sociales. Es raro que alguien esté preocupado por ponerse rojo cuando está solo en su casa; lo que le agobia es que alguien lo vea y se ría.

Existe también la ansiedad anticipatoria. La persona se tortura de antemano: “Cuando hable en clase me voy a poner colorado, se reirán de mí, pensarán que estoy nervioso, que soy raro, todos lo van a notar…”.

Como tratar el rubor o vergüenza

El tratamiento más adecuado es la exposición gradual en vivo con prevención de respuesta. En resumen, se trata de que la persona se someta a las situaciones que le producen fobia, pero gradualmente: comenzará entrenando una situación social poco agobiante para él (por ejemplo, esperar en la cola del banco), cuando la tenga superada pasará a una que le produzca más bochorno (podría ser entablar una conversación casual con un desconocido) y terminará con lo que considere el máximo de la vergüenza (una opción es intervenir en un coloquio público).

Extirpar el miedo

Ante el rubor, lo mejor es, enfrentarse a él y darse cuenta de que no es peligroso, de que no pasa nada.

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1 comentario:

  1. super bueno ojala k me ayude arto para ya no estar tan nerviosita josjojsojso :)

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