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lunes, 1 de noviembre de 2010

EDUCAR: ENSAYO Y ERROR de SUSANA QUADRADO


Educar:
Ensayo y error

Mucha teoría, pero nos falla la práctica: educar es cuestión de instinto y de aplicar el método del ensayo-error.
Susana Quadrado

A pesar de que me aplico a diario en comprender por qué la gente actúa como lo hace, hay demasiadas cosas que me dejan perpleja. El espectáculo de una madre (o un padre) a la puerta del colegio despotricando de su hijo es uno de ellos.

Que si a la criatura no hay quien le aguante, que si está asilvestrado, que si no causa más que disgustos, que si se pasa el día haciendo dios sabe qué en internet, que si no escucha lo que dices ni a gritos, que si toda la culpa es de... (Porque siempre la culpa es de alguien). En ese momento me descubro mirando a esa madre y me la imagino representada en una tira cómica con la cabeza de Saturno. Saturno devoraba a su progenie para que no le destronara: no dejaba que sus creaciones existieran... Lo que leerán a continuación va dirigido especialmente a aquellas madres que han entendido la vuelta al colegio de sus hijos como una liberación:

¿Por dónde empezamos? Algunos han creído que sus hijos son como aquel jarrón chino con el que no sabemos qué hacer y que escondemos cuando vienen las visitas a cenar. Creer que un hijo no es más que una de sus posesiones, maleable en todos los sentidos, puede acabar convirtiendo a un padre o una madre en un Saturno. Tan acostumbrados estamos a quejarnos de nuestros hijos que a veces pienso que hemos perdido la perspectiva.

Quizá deberíamos echarnos un vistazo a nosotros mismos antes que nada. Aquí es más válido que nunca aquello de que: por favor no tenga hijos porque toca.

Demasiada teoría. La psicología de José Antonio Marina (por citar a alguien conocido y reconocido), autor de libros de cabecera de muchísimas parejas, está bien. Sin pasarse. Cuando éramos niños no había tanta teoría y tampoco nos ha ido tan mal. Ahora, abrumados por tanta literatura de autoayuda, resulta que fallamos en la práctica. Sin leer ningún manual, parece que lo obvio para educar bien es: cariño, atención y aceptación.

¿Límites?, sí. ¿Deberes?, también. Él es el niño; usted, el adulto. No se preocupe, que actuar así no les producirá traumas posteriores. El instinto suele funcionar: es cuestión de aplicar el método del ensayo y el error.

El más mono, el más listo. No le cuente milongas a su hijo. Que no crea que la vida es ir montado en una noria que no para, la eterna fiesta. Cientos de padres deben de estar ahora mismo reforzando la dichosa autoestima de los niños: a ver de si tanto masajear su yo, crearemos una generación de enclenques... Su hijo será el más majo del universo para usted, aunque tiene que hacerle saber que existe el fracaso, la frustración. Que se sienta culpable cuando tenga razones para ello.

No deje para los otros lo que pueda hacer usted. Edúquele. ¡Ejerza!


Fuente:
EDUCAR: ENSAYO Y ERROR de SUSANA QUADRADO en LA VANGUARDIA

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2 comentarios:

  1. Todo extremo es dañino, tanto el padre que "amaestra" al hijo para que sea obediente como el padre en exceso permisivo, con lo cual el niño no sabrá cuando parar. Tampoco hacer independiente a un niño que aún necesita atenciones para irnos al extremo de los jóvenes que no saben hacerse nada por y para ellos. El amor como base no daña a nadie, menos a un niño. Parece mentira que conozco más adultos que niños sin limites. Para mí leer no está mal siempre y cuando se use el sentido común.

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  2. Como tú dices muy bien Janeth, los extremos siempre son dañinos, debemos usar la intuición.

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