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lunes, 20 de septiembre de 2010

EL ARTE DE COMUNICAR SIN HERIR


Una sabia y conocida anécdota dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Adivino para que interpretara su sueño. -¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Adivino- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡Fuera de aquí!!! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: -¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

El semblante del Sultán se iluminó y con una gran sonrisa... ordenó que le dieran cien monedas de oro al segundo Adivino.

Cuando éste salía del palacio, uno de los guardias le dijo admirado: -¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

-Recuerda buen amigo mío - respondió el segundo Adivino - que todo depende de la forma en que decimos las cosas...

Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse y a decir las cosas de tal manera que no hieran al otro, no hablar con prepotencia, agresividad ni violencia, es mejor hablar con humildad, con amor y serenidad para no ir lastimando a los demás, muchas veces nos creemos superiores y nuestro ego nos lleva por el camino de ir lastimando a los demás con nuestra forma de hablar, un gesto, un comportamiento y una palabra mal usada nunca te imaginas el daño que puedes causar.

Lo primero que nos tendríamos que plantear es si lo hemos de decir. Porque a veces tenemos esta necesidad vital de decir todas las cosas, pero a veces esto esconde problemas internos nuestros, como por ejemplo si somos tolerantes con los otros… si siempre queremos que los otros sean como nosotros creemos que han de ser… Todas estas cosas las llevamos dentro y nos da la sensación que lo hemos de decir, y no siempre lo hemos de decir.

Muchas veces con las personas que tenemos más cerca y más queremos, somos muy críticos y no les aguantamos cosas que cuando viene un invitado de fuera sí que lo hacemos perfectamente. En cambio, al de casa, ¡a este no!.

A la persona de fuera aceptamos de forma natural el que pueda ser diferente y, al de casa queremos que sea, como nosotros deseamos que sea. Y no le aceptamos, que piense, que haga, que actúe de una forma diferente. Es la obsesión que tenemos en pensar que la gente ha de hacer lo que yo creo que se debe hacer.

Si realmente creemos que se lo hemos de decir, tendríamos que tener en cuenta seis puntos para abordar de una manera satisfactoria esta conversación.

La primera es acostumbrarse a hablar en primera persona. Es decir, yo hablo de mí, pero no hablo de ti. Yo hablo, de que a mí no me gusta, con lo que yo no estoy cómodo…, yo me siento así…  Pero no hablo de que tú haces mal esto. Esto hace que no estés juzgando a la otra persona, sino que demuestras lo que a ti te sienta mal.

Un ejemplo, “si levantas la voz yo me siento mal”. En cambio si dices “¡Es que te comportas como una histérico!” hace que la otra persona se sienta agredida y se ponga a la defensiva.

La segunda, no juzgar. Que en esta manifestación no se te escape un juicio, “es que se ha de ser burro para hacer esto…” o “parece mentira que no pienses…” Estos juicios hieren a la persona, y hace muy difícil que interiorice lo que le estás diciendo de una forma serena.

Tercer consejo. No generalizar, no asumir que tus comportamientos son los normales o los que tiene la gente normal. Cuando decimos es que a la mesa se ha de ir de esta forma o se ha de hacer esto asumiendo que es lo que hace la gente normal.

Cuando nos sentimos atacados, sacamos nuestras defensas. Si yo me siento atacado por tí, seguro que reacciono pero no interiorizo de forma serena tu comentario. En cambio, si tú me lo dices desde tú experiencia… “Escucha la manera con la que me estás hablando no me gusta”, es mucho más probable que reflexione.

El cuarto. No actuar en “caliente”. Es preferible irse a dar una vuelta, contar hasta diez, haz lo que quieras, pero no respondas en caliente, es decir, tu comportamiento de hoy que tanto me ha molestado, probablemente lo hablaré contigo mañana, porque si lo hablo en el momento que me está molestando, no tengo tanto auto control. Hay que hacer un proceso de reflexión sobre la situación evitando que en el momento de la charla vuelva a “hervir” la sangre.

Quinto, El ritmo correcto. Hay que observar a la otra persona y si vemos que en algún momento esta ha llegado a su límite de tolerancia, es mejor parar y continuar mañana  o en otro momento. Sobrepasar este límite hará que la otra persona reaccione, si se siente herida o atacada reaccionará y, sólo hay dos tipos de reacción, o el contra ataque o la huida. Pero no lo asimilará de forma serena, por lo tanto es mejor no sobrepasar este límite.

Y el último. Con humor. Es la forma más bonita de expresar nuestro malestar, pero sin caer nunca en el cinismo, en el humor sarcástico. Hemos de desdramatizar las situaciones, hay veces que las cosas son muy pequeñas, insignificantes. Que molestan por supuesto, pero que no merecen darle demasiada importancia, si soy capaz de tomármelo con humor y comentártelo con humor, es fácil que humor por humor, la situación se solvente sin mayores conflictos, sin sensación de ataque.

Ahora si nosotros estamos dolidos este sistema no funciona, porque es muy fácil pasar del humor al cinismo.

RECUERDA QUE TODO DEPENDE DE LA FORMA EN QUE DECIMOS LAS COSAS.

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1 comentario:

  1. Bueno, decir que me ha hecho sonreir (gratamente David, gratamente...) el leer las dos formas de darle la noticia al sultan.Y tambien aqui estoy de acuerdo.Creo que las cosas se pueden decir de muchas maneras y no necesariamente en la forma que pueda herir a quien es receptor/a de dichas palabras.Aunque tambien es cierto que hay que saber escuchar...

    Gracias por la entrada

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