Decidir tener el primer hijo es uno de los pasos más importantes en la vida de la pareja. De pronto, ella se interesa por los niños, se fija en la ropa de bebés que se exhiben en las tiendas y en las “gracias” que hacen los hijos de sus amigas. Y él, juega con cada niño que le sale al paso. Los pasea sobre su espalda y hasta los sienta en el volante para que ellos crean que saben conducir.
Es hora de “ponerse”, como dicen las mamás y las abuelas, quienes probablemente desde el matrimonio insisten en que la pareja aporte con un miembro más para la familia.
Pero lo que las abuelas no saben es que para lograr quedar embarazada se requiere algo más que amor y dedicación, y que a veces la presión externa y las ansias de la propia pareja pueden retrasar que se concrete el anhelo de ser padres.
Sólo quienes han experimentado la dificultad o la imposibilidad de tener un hijo pueden comprender cómo este supuesto sencillo acto de producir vida a menudo se transforma en una dolorosa obsesión...
La esterilidad es la incapacidad que tiene una pareja para lograr un embarazo. Afecta a una de cada cinco o seis parejas y atañe por igual al hombre y la mujer.
Aunque hombres y mujeres pueden vivir el problema de manera diferente, ambos comparten la angustia y frustración que esta situación conlleva.
Esta incapacidad es una de las situaciones más traumáticas a las que puede estar expuesta una pareja como tal y como individuos. Desde niños nos preparamos para ser padres.
Ya mayores, la vida de nuestros amigos gira en torno a sus hijos. Y la familia pregunta "¿y para cuándo…?" sin conocer a veces el dolor que esta ausencia provoca.
Si has superado los “treinta y tantos” y piensas en tener un hijo. Recuerda que hoy la mayoría de los hombres y mujeres, dedica su juventud a estudiar y a estabilizarse laboralmente, para luego formar una familia. Y gran parte lo logra. ¡Ánimo!
Ante dudas de infertilidad, conviene que un especialista analice factores individuales que afecten en este sentido a la pareja, como la edad y la historia médica de ambos. Así se despejarán las dudas.
Existen matrimonios que logran embarazarse espontáneamente después de haber sido sometidos a técnicas de reproducción asistida o de haber adoptado hijos, lo que indica que el factor emocional influye, aunque es difícil de cuantificar.
Muchas veces las parejas se asustan y pierden la paciencia porque no consiguen quedarse embarazadas inmediatamente, pero se olvidan que la sexualidad humana no es una máquina reproductora de eficiencia perfecta.
Es importante que la pareja que busca un embarazo no se obsesione con su logro. Cuando eso ocurre la sexualidad misma y la felicidad de la pareja se puede ver afectada: no se ve al otro como alguien a quién entregarse completamente por amor, sino en un medio para obtener y conseguir lo que yo quiero, que es un embarazo. La sexualidad deja de ser signo y expresión de amor y se puede transformar en un instrumento para lograr lo que ‘yo’ quiero”.
En consecuencia, recomiendo a las parejas no perder la paciencia. El verdadero objetivo final: el hijo, no solamente el embarazo, es un signo del amor entre los dos. El desear un hijo es la consecuencia lógica de quererse mutuamente, pues el amor es fecundo. Si esto se tiene claro, se conversa y se madura entre los cónyuges, se sabe que siempre va a estar abierta la posibilidad de concretar esa fecundidad, ya sea biológicamente o a través de la adopción de un niño, quien a su vez necesita del amor y cuidado de unos padres.
Finalmente, si bien en un importante número de casos la infertilidad obedece a causas orgánicas, esta búsqueda que consiste concretamente en poder formar una familia puede requerir la ayuda emocional.
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