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miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Estorban los niños?


Hoy he leído el artículo ¿Un mundo anti niños? en el blog de Janeth Ivimas, me ha parecido excelente. En él se refleja que vivimos en un mundo de adultos, donde los niños parece que estorben.

Ya sé que los queremos mucho (o eso decimos), ya sé que en muchas ocasiones los padres tienen que trabajar ambos para poder conseguir los ingresos que les permitan salir adelante con la familia y cuando están en casa, falta la energía y el tiempo para atenderlos correctamente.

A veces nos olvidamos de lo que tenemos, y lo importante de dedicar la máxima atención a dar cariño a nuestros hijos.

No, no se trata de que ellos marquen nuestras tareas, ni que se conviertan en los dueños absolutos del tiempo. Podemos darles a nuestros hijos la mejor casa, la mejor comida, los mejores juguetes, las mejores vacaciones… pero si no les damos tiempo, amor y cariño, todo lo demás les va a sobrar.

Os he copiado un párrafo del libro de Ana Martos Rubio, ¡No puedo más! Las mil caras del maltrato psicológico.

LOS NIÑOS QUE ESTORBAN

Es difícil decirlo, pero a veces los hijos estorban. Estorban cuando el trabajo ocupa un lugar importante, estorban cuando hay una separación y los hijos se convierten en un lastre para la libertad, estorban, sobre todo, cuando son hijos no queridos, hijos de la casualidad, del despiste, del ¡qué le vamos a hacer!

Los niños que estorban se depositan en manos de terceros, aunque sean terceros amorosos. Los niños que estorban reciben una inundación de bienes materiales que pretenden sustituir los bienes inmateriales que no podemos o que no sabemos darles. Los niños que estorban están obligados a estudiar mil y una cosas para que, cuando salgan del colegio, no estorben en casa ni haya que ir a recogerlos sin saber qué hacer con ellos.

La educación y la atención de los niños que estorban quedan en manos de la escuela, de la academia o del polideportivo. Los padres apenas disponen de unos minutos al día para verles de refilón sin meterse en complicaciones de comunicaciones profundas ni dialogar. Es mejor compartir un videojuego o un programa de televisión, que impide hablar de cosas íntimas. A cambio de esta falta de comunicación, de atención y de transmisión de valores, a los niños que estorban se les compra infinidad de juguetes, caprichos, viajes, actividades, ropas de marca o cualquier cosa que se adquiera con dinero.

El director del colegio envió una nota a los padres de Andrés porque había observado una conducta excesivamente violenta.

Envió otra nota a los padres de Jesús porque le notaba un aire tímido y reservado y muchos comportamientos que denotaban un complejo de inferioridad. En ambas notas, el director expresaba su deseo de conversar con los padres acerca de la problemática del hijo con el fin de resolverla.

La respuesta fue similar en ambos casos: "Por favor, arréglense ustedes con esos problemas. Para una horita que veo a mi hijo, quiero disfrutar de él y no regañarle ni mantener charlas comprometidas".


Los niños que estorban acumulan tareas escolares y extraescolares que les mantienen ocupados constantemente para que molesten lo menos posible. Los niños que estorban disponen de innumerables entretenimientos con los que pasar el tiempo y a los que dedicar la atención que les sobra. Tienen canguros virtuales interactivos que responden a algunas de sus preguntas, menos a la que menciona José Antonio Ríos que plantea un hijo respecto a su padre: "Mamá, ese señor que viene a comer los domingos me ha pegado".

Los niños que estorban, en resumen, no reciben atención de sus padres. No reciben atención suficiente para comunicarse con ellos y contarles lo que les está pasando, lo que les aterra y lo que está surgiendo en ellos. En el caso anterior, Andrés desarrolló una conducta violenta, muy probablemente para llamar la atención y que sus padres le hicieran caso de una vez. Pero ya vemos que ni así. No sabemos cuál habrá sido o cuál será la siguiente llamada de atención de Andrés. Puede ser cometer un delito, emborracharse hasta tener que ir a urgencias o hacer un intento de suicidio, el caso es que sus padres, de una vez por todas, se pongan delante de él y le pregunten qué le pasa sin mirar el reloj. Lo malo es que, probablemente, no lo harán. Se limitarán a echarle un sermón o a regañarle por lo que ha hecho. 


Así que, la próxima vez que veáis en las noticias un caso de acoso, maltrato o violencia entre niños. Reflexiona y hazte esta pregunta ¿Es el pequeño agresor culpable de sus actos, o es también una víctima?


Os dejo este video... 






3 comentarios:

  1. Los niños merecen nuestra atenciòn, respeto, amor y cariño. Buscados o no los hemos traido al mundo, son nuestra extensiòn, nuestra continuidad, aprenden de nosotros. Mientras màs nos empeñemos en una guerra "de quièn es màs fuerte", ellos crecen, se van de casa, y ambos "bandos" han perdido la oportunidad de disfrutarse mutuamente. Es difìcil tarea, no es fàcil, pero la paciencia y comprensiòn han de ser nuestra brùjula.

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  2. Un artículo genial: me ha gustado mucho.
    Nada como decir las verdades "molestas" (son las mejores) alto y claro.
    Esto señores y señoras es una realidad constatable día a día. Lo veo en mi profesión y en mi vida a cada momento.
    Y no me refiero a situaciones claramente visibles y palpables sino a situaciones donde de forma velada se percibe el hastío, la incomodidad y las pocas ganas de hacerse cargo de un niño desde edades tempranas aun tratándose del propio hijo-a.
    Los niños llaman la atención de formas muy diversas cuando no tienen toda la que necesitan en casa y los profesionales que los atendemos y pasamos muchas horas con ellos las percibimos enseguida.

    "Bienaventurado el niñ@ que siente en su corazón que es bienvenido al mundo, a su familia y que siempre se tiene tiempo para él porque suyo será el Reino de los Cielos...."

    Un saludo.

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  3. Gracias Janeth y Yolanda por vuestras aportaciones!!!

    Abrazos,
    David

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