Google+ Followers

sábado, 23 de enero de 2010

¿Prejuzgamos?




Por lo general procuro presentarte historias breves y de una en una, sin embargo, hoy rompo la norma y os obsequio con DOS HISTORIAS y un video de regalo (todo por el mismo precio, por algo estamos en crisis ;-) ), son estupendos ejemplos de lo equivocados que pueden ser nuestros actos cuando prejuzgamos, cuando no nos tomamos el tiempo necesario para evaluar una situación en su verdadera dimensión.






EL PERRO Y EL CONEJO

Un señor le compró un conejo a sus hijos. A su vez, los hijos del vecino le pidieron una mascota a su padre. El hombre compró un cachorro Pastor Alemán.

El vecino exclamó:

¡Pero él se comerá a mi conejo!

De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, y serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas.

Y parece que el dueño tenía razón. El perro y el conejo crecieron juntos y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés.

-Un viernes, el dueño del conejo se fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia.

El domingo en la tarde el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuando entró el perro a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra, y además muerto. Casi matan al perro de tanto agredirlo.

Decía el hombre:

- El vecino tenía razón, ¿y ahora qué haremos?.

La primera reacción fue echar al animal de la casa como castigo, además de los golpes que ya le habían dado. En unas horas los vecinos iban a llegar. Todos se miraban, mientras el perro afuera lamía sus heridas.

Uno de ellos tuvo la siguiente idea:

- Bañemos al conejo, lo dejamos bien limpiecito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio. Así lo hicieron; hasta perfume le pusieron al animalito. ¡Quedó lindo! 'parecía vivo', decían los niños, y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas como si estuviese durmiendo. Luego al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños.

No pasaron cinco minutos cuando el dueño del conejo vino a tocar a la puerta, algo extrañado.


- ¿Qué pasó?, le dijo su vecino.
- El conejo murió.
- ¿Murió?
- Sí, murió el viernes.
- ¿Murió el viernes?
- Sí, fue antes de que viajáramos. Los niños lo habían enterrado en el fondo del patio...

Autor Desconocido

El gran personaje de ésta historia es el perro. Imagínate al pobre, desde el viernes buscando en vano por su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado.


¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo.

El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente.


¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos creemos dueños de la verdad?






EL RETRASO DEL TREN

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora compró una revista, una botella de agua y un paquete de galletas para pasar el tiempo. Buscó un banco y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.


Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.


La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.


Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.


El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.


Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la última galleta. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.


- ¡Gracias! - Dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.


- De nada. - Contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.


Entonces el tren anunció su partida...


La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Una vez en su asiento, abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas... ¡intacto!


Por eso hoy quiero recordarte la importancia de la paciencia, de su importancia para que nuestras relaciones interpersonales mejoren, o para que al menos no se quiebren, no se hagan tensas. Es mejor cuando tomas la  vida con una sonrisa, en lugar de estar desconfiando de todo mundo.


Vivamos en paz y procuremos preservarla, evitemos los malos ratos, sobre todo los que surgen sin ningún motivo, que no tienen razón de ser. No te apartes de tu camino a la felicidad.







Video: ¿Prejuzgamos?


Y tú… eres de los que…   ¿Juzgas a primera vista o al primer comentario? ó ¿Escuchas y te preocupas por conocer la situación?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las 10 gotas... más leídas en la última semana

Las 10 Gotas... más populares