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viernes, 4 de diciembre de 2009

El fenómeno de Clever Hans






Un caso paradigmático y controvertido es el que ocurrió en Alemania del 1900. Un señor llamado Von Osten pensó que había enseñado sistemáticamente a su caballo Clever Hans a sumar, restar, multiplicar, dividir y a deletrear una palabra. ¿ Cómo lo demostraba?. El caballo escarbaba la tierra para dar la respuesta numérica correcta (ejemplo: nº5, cinco movimientos) o el número de orden de la letra deseada del abecedario (ejemplo: letra C, tres movimientos). 

No es de extrañar que Von Osten y su “inteligente” caballo rápidamente se hicieran famosos en la Alemania de entonces. Clever Hans rara vez equivocaba su respuesta. 

Varios científicos estudiaron el atípico caso. Uno de ellos, el Dr. Pfungst, luego de una cuidadosa observación, llegó a una lógica pero no menos extraordinaria conclusión. Clever Hans respondía a mínimas indicaciones que el dueño realizaba mediante posturas. Cuando se le formulaba una pregunta al caballo, el dueño se inclinaba levemente hacia delante y Clever Hans comenzaba a escarbar la tierra; cuando llegaba al número correcto, el dueño volvía a su postura normal y Clever Hans paraba de escarbar y recibía un premio.

Pero también los extraños podían formular preguntas a Clever Hans y él daba la respuesta correcta. Pfungst concluyó que el caballo percibía la inconsciente relajación del extraño cuando el caballo llegaba al número correcto y entendía como una señal para dejar de escarbar.

Todas las personas poseemos un
lenguaje no verbal, los animales de compañía están acostumbrados a interpretar estas acciones. También los bebés interpretan este lenguaje no verbal de los adultos, por desgracia tal como vamos creciendo vamos perdiendo está habilidad.   

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