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jueves, 8 de octubre de 2009

Voy al bosque y los pájaros cantan sólo para mí

Me gusta y comparto el artículo que apareció ayer en “La Contra” de “La Vanguardia”. Me gusta el romanticismo de Jason Webster y comparto por completo su amor por el entorno donde vive. Recuerdo mi infancia cuando lo primero que veía cada mañana al mirar por la ventana, era la imponente montaña de Penyagolosa en Castellón.

Quien quiera saber más sobra la Penyagolosa puede consultar este link:











Jason Webster, inglés en una masía del Penyagolosa
"Voy al bosque y los pájaros cantan sólo para mí"
VÍCTOR-M. AMELA - 07/10/2009

Tengo 39 años. Soy un inglés instalado en España. Soy arabista y escritor. Casado con Salud, tenemos un bebé de 14 meses, Arturo. Soy un libertario romántico. Prefiero experimentar a creer. Rehabilito para vivir una apartada masía en las montañas del interior de Castellón

¿Qué le enamoró de España?

A los 14 años me prendé de unas fotos de la Alhambra. ¡Era lo más maravilloso que había visto! ¿Quién había creado aquello? Por eso de mayor estudié árabe en Oxford...


¿Y cuándo vino para aquí?

Viví en Florencia, en Alejandría... Acabé mis estudios y me quedé sin novia: libre, sentí que mi destino estaba en España.


¿Y encontró aquí lo que buscaba?

Yo buscaba el duende,¡quería entender qué era eso! Y en Andalucía aprendí a tocar la guitarra flamenca, giré por tablaos... y cometí errores de juventud.


¿A qué se refiere?

Me enrolé en un grupo de gitanos flamencos, y para ser aceptado me impliqué en delitos y excesos: cocaína, robo de coches... Fue un subidón..., hasta que uno se mató en accidente, el grupo se disgregó y yo recapacité.


¿A qué conclusiones llegó?

Entendí que perseguía experiencias emocionales con que abrir mis corazas expresivas, tan británicamente selladas... Quizá eso buscaron en el Mediterráneo otros ingleses...

¿Y cuál fue su siguiente paso?

Trabajé en la BBC en Oxford. Un día actuó allí un grupo de baile flamenco, fui a verlo... y me enamoré de la bailaora. Así que el amor me devolvió a la maravillosa España.


¿Y qué tal?

Es valenciana, y Valencia es muy ruidosa: le rogué que buscásemos una casa perdida en el campo. Y por eso nos internamos en la muy montañosa provincia de Castellón...


La segunda provincia más montañosa de España: conozco.

Su apartamiento ha preservado en sus pueblos estilos de vida tradicional y algunos antiquísimos masos recuperables… Compramos uno en el macizo del Penyagolosa, pico de 1.813 metros, el más alto de la Comunidad Valenciana, totémico, al que aún se asciende en ciertas romerías multiseculares...


¿Qué hizo usted en su mas?

Reparé, teché una parte, bombeé agua de una fuente, instalé placas solares para luz, desbrocé bancales asilvestrados... y me propuse plantar un bosque de encinas truferas.


¿Una encina que da trufas?

Un plantel de encina cuya raíz micorrizada con esporas de trufa permite que crezca trufa negra alrededor del árbol... con los años.


¿Cuántos?

Un decenio, ¡pero yo llegaba allá arriba con ímpetu y mucho ego! Y la montaña me ha enseñado a escucharla y entenderla mejor.


¿Qué ha entendido?

Jabalíes y cabras salvajes han dejado sólo veinte de los 350 árboles que planté... Hoy sé que la montaña lleva ahí millones de años y yo soy sólo visitante: no la cambiaré y, ya más modesto, mantendré lo que hay, olivos, almendros, carrascas, sabinas, enebros, esparragueras, matas aromáticas...


¿Ha tenido algún instructor?

Arcadi, un viejo lugareño... y un manual de agricultura árabe (obra de Ibn al Awam, sevillano del siglo XII) con bellos consejos.


¿Por ejemplo?

Cortar leña en luna menguante para que no se pudra... ¡y Arcadi sostiene lo mismo!: refugio de moriscos hace 400 años, esas montañas han custodiado saber... Otro: abonar almendros con las cáscaras de almendras del año anterior maceradas en orines de tus criados y esclavos. ¡Este no pude aplicarlo!


¿Cuál fue el peor el momento?

Una ventolera arrancó el tejado nuevo. Ahí maduré: en vez de caer en la desesperación y largarnos, lo rehíce mejor que antes.


¿Y qué momentos son los mejores?

Voy por el bosque y los pájaros cantan sólo para mí (¡callan si estoy con un cazador!), contemplo el fuego en el hogar, la salida y puesta de sol, siento los vientos, recolecto la miel de mis abejas, cosecho olivas y luego mojamos pan de pueblo en su aceite recién prensado, escucho cuentos de lugareños...


¿Qué tienen de especial?

Esos cuentos emergen de la tierra misma, ¡habla la tierra a través de los relatos! Bien lo intuye la lengua árabe: los vocablos relato y regar tienen una misma raíz. Un relato riega porque cultiva comunidad.


Sin cultura no hay un paisaje: ¿es eso?

No olvidaré un crepúsculo desde la cima del Penyagolosa, extendidas a mis pies las tierras que llevaba un año recorriendo, trabajando con mis manos, degustando a través de sus frutos, viviendo con sus gentes en sus fiestas... ¡Esa tierra ya no era mera geología, era un ser vivo que me hablaba!


¿Cómo ve el futuro de esas comarcas?

Entre parques eólicos y Marina d´Or - que proyecta extenderse desde la costa hacia el interior para perpetrar el horror de la mayor ciudad de vacaciones de Europa-trincharán parajes milenarios. No lo entiendo: ¿acaso no hay ya suficientes Benidorm?


¿Alguna propuesta por su parte?

Sí: cada día hay más gente con sensibilidad para apreciar el exotismo de lugares con raíces bien preservadas, ¡y en esas comarcas lo tiene todo para apostar por ese turismo! Así alcanzarían un plácido y luminoso futuro.


¿Qué comentan los lectores ingleses de sus correrías españolas?

Aquí preferís orillar ciertos tópicos, ¡pero fascinan!: ver un toro embolado en la noche de un remoto pueblo de interior es una experiencia que te agarra de las entrañas...


¿Ha averiguado ya qué es el duende?

Es una conexión fugaz con un plano de realidad más rico que el cotidiano, y creo haberlo experimentado alguna vez aquí...






Montaña sagrada

Me dicta una suculenta receta de huevos revueltos con trufa negra. Jason ha detenido sus pasos en una apartada masía de las sierras levantinas. Hundió las manos en la tierra, exploró el contorno del macizo del Penyagolosa y lo relató en un libro que ha cautivado en Inglaterra, y que ahora se traduce aquí: La montaña sagrada (Los Libros de Lince). Retrata una vida rústica que España aún puede ofrecer. Mientras, sigue explorándonos. Le atrae España como "minisubcontinente rebosante de paradojas" ("vuestro fervor por la Virgen María ¡puede ser herencia coránica!"), y me apunta que "hay un rasgo que iguala a todos los españoles: cada pueblo se siente distinto y mejor que los de al lado".

1 comentario:

  1. Como Venezolana, tuve que hacerme de un diccionario para buscar que es Benidorm y los Toros Embolados....jaja...(lo de los Toros no lo comparto, pero cada regiòn tiene sus creencias y cultura). Me encanta cuando dice que la montaña lo ha enseñado a escucharla mejor. Eso hace falta, "permitirnos escuchar y entender", y dejar la naturaleza "como la encontraste" o mejor. Magnifica lecciòn da Webster, sobre que cuando algo se deshace, volver a empezar de cero y hacerlo mejor.100% aplicable a la vida.Ojalà no acaben con ese patrimonio, lo que describe es demasido hermoso y sublime.
    Saludos!!!!!!!!!

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