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miércoles, 2 de septiembre de 2009

El síndrome postvacacional, también en los niños

Para hablar de la correcta adaptación de los niños en su vuelta al colegio, tenemos que recordar antes lo que hemos hablado de los adultos y su conocido “Síndrome Post-vacacional”.
Todo esto que nos ocurre a los adultos, les pasa también a los escolares que tienen que volver al colegio y hacer un esfuerzo para adaptarse al ritmo académico después de dos meses de asueto. Ellos también necesitan un periodo de reajuste para entrar con buen pie en el nuevo curso.





Para ellos comenzar un nuevo curso tiene sus alicientes: reencontrarse con sus amigos del colegio. Montones de cosas que contarse del verano, compartir aficiones comunes. La novedad que supone otro curso, con profesores y materiales distintos y con algunos compañeros que quizá no conocen. No hay que olvidar tampoco el beneficio que supone cambiar de actividad tras meses de ocio que al final se pueden hacer pesados.

Sin embargo, no nos engañemos. Volver al colegio no es algo que hacen porque quieren, sino por obligación. Además, un cambio de ritmo como el que supone pasar de estar ocioso todo el día a padecer un horario apretado, si se realiza de un modo brusco y repentino, puede pasar factura. La pronta llegada de controles y exámenes presiona a los escolares que, en ocasiones, no tienen tiempo para adaptarse a la nueva realidad.

Para los padres, también al vuelta al cole es fuente de preocupaciones. Los gastos en libros, material, ropa o uniformes, el estrés de volver a controlar los resultados académicos de los hijos, y el hecho de que los colegios estén cada vez más lejos de casa, influyen en que también los padres nos pongamos un poco nerviosos. Y más aún, si nosotros mismos estamos padeciendo también nuestras propias dificultades de adaptación, como hablábamos al principio.

Los escolares que son más propensos a padecer este síndrome, también llamado de la normalidad, los estudios indican que generalmente son niños que tienen dificultades en sus estudios y que padecen problemas de integración en la escuela o los que el año anterior tuvieron conflictos con sus compañeros o con el profesor. Al encontrarse de nuevo con ese ambiente acentúan más los síntomas de desgana y pereza. También influyen en gran manera las sensaciones o los estados de ánimo que pueden percibir en los adultos, que se traducen en forma de ansiedad, pesimismo o tensión, o por el contrario, tranquilidad, seguridad y motivación, que, queramos o no, flotarán por la casa llegando a nuestros hijos.

"Es importante también
 cuidar nuestro lenguaje, en muchas ocasiones los niños reaccionan por cómo nos ven a nosotros; si observan que la vuelta de vacaciones no es algo horrible sino una oportunidad de volver a disfrutar de lo bonito de la temporada invernal, ellos tenderán a imitar nuestra actitud y será más fácil la vuelta. Los comentarios negativos sobre el fin de las vacaciones o la vuelta al trabajo pueden ser interpretados por ellos como un peligro que les generará más inseguridad y estrés".

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