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miércoles, 19 de agosto de 2009

Celos entre hermanos


El sentir celos es una situación natural, que tiende a surgir por sí misma. Los celos infantiles son uno de los problemas más antiguos de la humanidad. No hay que provocarlos. Los celos entre hermanos son un fenómeno natural consecuencia de la rivalidad que se establece entre ellos. Se les debe prestar atención cuando alteren la convivencia y sean persistentes.
Surgen en un afán por tratar de conservar de manera exclusiva todo el afecto de uno o ambos progenitores. El niño quiere todo el afecto para él y no quiere compartirlo con nadie.
Cuando llega un nuevo integrante a la familia, el niño se siente ¡destronado! por este ¡intruso! que entra en su casa. Comienza a ver que se le da menos atención y cuidados que antes, que su mamá ya no tiene tanto tiempo para jugar ni estar con él, porque está más ocupada con el bebé o está cansada.
Otra causa importante se produce cuando los niños son más grandes y perciben en los padres ciertos favoritismos hacia algún hermano. Se relacionan mejor con él, hay mayor contacto y en esto influye el carácter que el niño tenga.
Los celos al hermano se pueden manifestar cuando el niño imita conductas del bebé: se hace pis en la cama, pide que le den de comer con biberón, que le pongan pañales. Otros pueden volver a hablar de una forma más infantil, a chuparse el dedo, a exigir que su madre le devuelva su chupete, e incluso su lugar en una sillita de paseo y que le dé de comer a la boca otra vez.
Llama continuamente la atención: tiene rabietas, pataletas, se pelea con otros niños, hace travesuras.
Muestra desprecio hacia el bebé e incluso intenta dañarle. Se vuelven más desobedientes, más rebeldes, y más agresivos al punto de llegar a morder y/o golpear a su nuevo hermanito, quitándole los juguetes u otros objetos, molestándole en cuanto tenga una oportunidad.
Deja de comer, empeora en los estudios, tiene pesadillas.
Otros se vuelven llorones, y se pegan a la falda de la madre en el intento de llamar su atención y de no perderla. Se sienten débiles, cómo si ya nadie se importase con ellos. Se reprimen y se vuelven profundamente tristes.
Se niegan a comer, a jugar con los amigos, se niegan a todo, tomando una actitud rencorosa con sus seres queridos como forma de reprocharles por haber centrado su atención y cariño en el otro hermano.
Son reacciones normales de la crisis que está atravesando. Y no hay mucho que hacer en estos casos. Ni alarmarse por lo que hacen, ni regañarles. Esta es su protesta y hay que comprenderla con paciencia y muchísimo cariño. Sólo se debe prestar atención a los celos cuando alteren la convivencia y sean persistentes.
Debemos evitar comparar a lo hijos respecto a sus cualidades o aptitudes, ya que la comparación favorece los celos.
No hay que hacer lo mismo para todos, ya que siempre resulta injusto puesto que cada hijo tiene sus propias necesidades.
Elogiar las cualidades de cada hijo y animarle a que corrija sus dificultades sin compararlo con los otros.
Enseñar a los niños a discutir adecuadamente sus conflictos, escuchando al otro y buscando soluciones a sus problemas, será ideal para que disminuyan los celos y crezcan como personas.
No podemos evitar los celos, sólo ayudar a que sean menos dolorosos y a no fomentarlos.
Cada niño debe sentir que es especial para sus papás. Los celos disminuirán con el tiempo si el niño ve que tiene un lugar especial en el afecto de los padres, y que los hermanos lejos de ser una amenaza para su seguridad, llegarán a ser compañeros con quienes compartir, a quienes querer y también capaces de darles amor.
Las relaciones entre los hermanos nos preparan para una adecuada participación en la sociedad: enseñan a respetar los sentimientos de los demás, a compartir, perdonar y confiar. Cuando los celos no son superados en la niñez, florecen cuando somos adultos.
La clave está en fomentar en el niño una alta autoestima y auto confianza, que le ayuden a ser autosuficiente y le den una seguridad interna, con la cual nunca se sentirá inferior a sus hermanos.
Siempre se les puede ayudar mediante las flores de Bach, recordaremos que pueden ser tomadas por todo tipo de personas, desde recién nacidos hasta ancianos, son completamente seguras, no tienen ningún tipo de efectos secundarios y no son adictivas.

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